Virrey Francisco de Toledo

Francisco de Toledo

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Francisco de Toledo (1515 -1582) fue el V virrey del Perú y una de las figuras más polémicas de nuestra historia colonial. Los enjuiciamientos de quienes han estudiado su labor gubernativa son bastante diversos: unos lo elogian como el “supremo organizador” del virreinato (Roberto Levillier), otros lo presentan como el “gran tirano” de los indios (Luis E. Varcárcel). Lo históricamente cierto es que don Francisco de Toledo nació en la villa de Oropesa, señorío de su familia, en julio de 1515 y murió en la villa de Escalona, sumido en el desengaño, el 21 de abril de 1582. Era hijo segundón de Francisco Álvarez de Toledo y Pacheco y de doña María de Figueroa y Toledo. A los 18 años de edad entró al servicio de Carlos V, a quien acompañó hasta el final de su reinado en las más variadas circunstancias, tanto de paz como de guerra: en Alemania, Flandes, Italia y norte de África; en dietas, juntas y concilios. Se dice que este contacto personal con el monarca, de quien adoptó la prudencia política, el “maquiavelismo” y la tendencia a buscar contrapesos entre sus colaboradores, le serviría de provechosa experiencia para su labor gubernativa posterior. En esos años de formación fue investido con el hábito de caballero de la orden de Alcántara (1535) y se le dio en esta corporación la encomienda de Acebuchar.
Tras la muerte de Carlos V fungió como mayordomo en la casa de su hijo, Felipe II, y asistió en calidad de delegado regio al concilio provincial de Toledo de 1565.

Nombramiento de Francisco de Toledo como virrey

León Gómez Rivas, que ha dedicado un libro (1994) a estudiar la peripecia vital de don Francisco antes de su venida al Perú, pone de relieve el decisivo apoyo que le otorgó el cardenal Diego de Espinosa, presidente del Consejo Real, durante las deliberaciones de la Junta Magna de 1568. Entre los resultados de la junta, donde se tomaron acuerdos importantes sobre la organización administrativa de las Indias, surgió el nombramiento de Toledo como virrey, gobernador y capitán general del Perú (30 de noviembre de 1568). Se puso de inmediato en marcha a su nuevo destino y tomó posesión del mando el 30 de noviembre de 1569. Emprendió una vasta tarea de organización y, basado en un duro ejercicio de la autoridad, consiguió darle adecuada estructura legal al virreinato. Su labor supuso el afianzamiento de importantes instituciones, en torno a las cuales giraría la administración del país hasta las reformas del siglo XVIII. Aseguró, en definitiva, la sujeción del Perú a la “monarquía universal” de Felipe II.

Admistración del virreynato de Francisco de Toledo

De 1570 a 1575 llevó a cabo una visita general a las provincias “de arriba”, en las jurisdicciones de Huamanga, Cuzco, La Paz, Chuquisaca y Arequipa. Apoyado en los cronistas oficiales Polo de Ondegardo y Sarmiento de Gamboa, dirigió la recolección de informaciones sobre el antiguo Perú, a fin de mostrar la ilegitimidad del señorío de los incas. Reglamentó la mita y los servicios personales de los indios y dispuso su congregación en reducciones o pueblos de planta cuadricular. Dictó ordenanzas para el buen gobierno de las ciudades, para la recaudación de los tributos y para el cultivo de la coca. Envió fuerzas al reducto de Vilcabamba con el objeto de imponer a Tupac Amaru, legitimo descendiente de los incas, el abandono de esa remota comarca, y lo condujo al Cuzco para someterlo a juicio y darle pública ejecución en la plaza mayor (14 de noviembre de 1572). No contento con este ensañamiento, persiguió a los miembros de la familia imperial cuzqueña para evitar cualquier asomo de reivindicación incásica. Auspició el establecimiento del Santo Oficio de la Inquisición en Lima (1570), así como la elección del tribunal de la Santa Cruzada (1574). Proporcionó a la fortificación de las costas y al incremento de la armada virreinal, ante la sorpresiva incursión en 1579 del pirata inglés Francis Drake. Además ordenó la secularización de la Universidad de Lima, la puso bajo el patronazgo de San Marcos y aprobó la redacción de nuevas constituciones para dicho plantel. En este contexto, es digna de mención la obra del historiador alemán Yacin Hehrlein (1992), que ha examinado la confrontación político-religiosa que opuso a Toledo y los frailes dominicos de pensamiento lascasiano; uno de los puntos de la contienda fue precisamente la secularización de la universidad, que se hallaba al principio alojada en el convento de Santo Domingo.

Muerte de Francisco de Toledo

La dilatada y eficaz administración de don Francisco de Toledo, el “Solón peruano”, llegó a su fin el 23 de setiembre de 1581, fecha de su viaje de regreso a España. Es fama que al presentarse en la corte asentada en Lisboa, el rey Felipe II no le brindó el reconocimiento que esperaba, en parte porque le reprochaba la crueldad con que había perseguido a la familia de los incas. Despechado y viejo, se retiró a vivir sus últimos meses en el poblado de Escalona.

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