Mercedes Cabello

Mercedes Cabello de Carbonera

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Mercedes Cabello de Carbonera fue escritora, nació en Moquegua el 7 de febrero de 1845. No se tienen noticias exactas sobre los primeros años de su vida, aunque se conoce que su padre se llamó Gregorio Cabello, y que Mercedes, desde muy niña, demostró grandes habilidades para la literatura, habiendo llegado a publicar algunos de sus versos, ocultando su identidad bajo el seudónimo de “Enriqueta Pradell”. Se trasladó a Lima hacia 1865, época de auge del romanticismo. En la capital se unió en matrimonio con un prestigioso médico, Urbano Carbonera, quien contribuyó decisivamente a la maduración emotiva y literaria de su esposa. La acercó a la ciencia y al positivismo, alejándola al mismo tiempo de la politiquería ramplona. La señora Cabello de Carbonera inició sus colaboraciones como tal en el Correo del Perú (1872-1877) y en la Revista de Lima (1873), con artículos que demuestran un firme radicalismo; también publicó colaboraciones en otros periódicos limeños, como La Alborada, Perla del Rímac, La Bella Limeña (1872) o El Semanario del Pacífico. Su pluma se dio a conocer asimismo en el extranjero, gracias a los artículos que fueron editados en El Plata Ilustrado, El Correo de París, La Habana Elegante, La Revista Literaria (Bogotá) y el Álbum Iberoamericano (Madrid), entre otras tribunas. Asistía además, con relativa frecuencia, a las tertulias de Juana Manuela Gorriti. Su estilo se fue enriqueciendo con la lectura de novelas de Balzac, Zola y Stendhal, aunque sus ideas renovadoras significaban la liquidación del romanticismo y tendían al establecimiento de una teoría realista, impregnada de positivismo y de paradigmas feministas. Entre 1886 y 1894, su época más productiva, dio a la estampa seis novelas y un ensayo mayor.** Luego sufrió numerosos ataques públicos y serios quebrantos en su salud. Los jactanciosos triunfadores de la revolución pierolista de 1895 se encarnizaron de mala manera contra ella, sobre todo Juan de Arona, Ricardo Palma y Benjamín Cisneros**.

Aporte literario de Mercedes Cabello

La obra creativa de Mercedes Cabello consta de los siguientes títulos: Sacrificio y recompensa, novela premiada por el Ateneo de Lima (1886) -que la incorporó entre sus miembros-, donde describe la vida de Chorrillos a mediados de siglo y plantea un drama pasional en el cual aún predominan elementos románticos, pero no se halla exento de crítica social. Después publica Los amores de Hortensia (1887), novela que expone el retrato de una mujer de clase alta, cuyo corazón debe callar ante las exigencias de los intereses y ambiciones. Una novela corta, Eleodora (1887), publicada originalmente en Madrid, se transformará en la exitosa narración titulada Las consecuencias (1890), que ratifica las dotes literarias de la autora; una de sus innovaciones consiste en que, saliéndose del estrecho marco de las intrigas urbanas, describe a base de recuerdos la campiña de su tierra natal. Blanca Sol (1890) es una obra decididamente polémica, por su trama audaz, extraída de las esferas de la alta sociedad limeña. Le sigue El conspirador (1892), donde se presenta la vida política de nuestro primer siglo republicano en un marco de censura a la sordidez y demagogia de los grandes caudillos. Termina la serie de sus novelas con La religión de la humanidad (1893) y El conde León Tolstoi (1894), una mezcla de obra artística, literaria y filosófica. En el terreno del estudio crítico, hay que mencionar La novela moderna (1892), texto premiado con la “Rosa de Oro” en el concurso interamericano de ensayo promovido por la Academia Literaria de Buenos Aires.

Críticos de Mercedes Cabello

Doña Mercedes no tuvo una vida plácida: su adhesión decidida a un pensamiento renovador, su empeño en reflejar sin cortapisas la realidad circundante y su condición de mujer con ideas propias, provocaron la reacción de los sectores conservadores, del clero y de los viejos escritores (especialmente Juan de Arona). Sin embargo, quien la criticó más duramente fue José de la Riva-Agüero y Osma, que no sólo rebajó sus aptitudes como estilista, sino rechazó a la pensadora. Estas severas denuncias motivaron su ostracismo social y su caída en la locura. Internada en el manicomio del Cercado de Lima, falleció el 12 de octubre de 1909, a los 64 años de edad. La osadía de esta escritora radicó en componer novelas realistas en un medio dominado aún por el eco romántico; en romper el enclaustramiento de la mujer; en abordar los problemas políticos acarreando para sí la ira de los aludidos (los amigos del presidente Balta, por ejemplo); y en abrir una trocha a la novela nacional. Su estilo no era bueno, su expresión era incorrecta y su vocabulario escaso, lo que fue compensado con la gran valentía del concepto. Aunque no han logrado abordar el problema a fondo, Mario Castro Arenas, Augusto Tamayo Vargas, Luis Fabio Xammar y Luis Alberto Sánchez fueron los primeros en emprender la revaluación de la obra de doña Mercedes.

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