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Crisis y reformas en el Virreinato

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El débil gobierno de Carlos II (Hansburgo) propició el fortalecimiento de la aristocracia peninsular y las élites americanas, modificando las relaciones entre la Corona y sus colonias. La crisis implicó el declive de la minería, la disminución de las exportaciones a España y la retención de los ingresos fiscales en territorio americano no fue parte de una debacle económica general sino consecuencia de los problemas financieros de la minería y del caos administrativo del virreinato.

Por otro lado, al implantarse la venta de cargos, los criollos tomaron los principales puestos en la administración. Entre 1687 y 1712 gozaron de una situación excepcional en las audiencias americanas. Esta y otras vías, como los vínculos familiares, el clientelaje y negocios comunes con miembros de la burocracia, permitieron a la élite peruana intervenir en las decisiones gubernamentales durante la colonia.

A fines del siglo XVII, una nueva dinastía de origen francés ascendió al trono español reemplazando a la casa de los Habsburgo o Austria: los Borbones. Sus gobernantes respondieron a la creciente autonomía americana con una serie de medidas destinadas a fortalecer y centralizar el gobierno monárquico. a estos cambios de les conoce como reformas borbónicas.

Reformas Borbónicas

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Economía en el siglo XVIII

Uno de los principales objetivos de la economía colonial fue la máxima explotación de los recursos naturales que tuvieran una buena demanda en Europa. Los productos importantes, además del oro y la plata, fueron el cobre, el caco y la cascarilla. Los grandes comerciantes limeños controlaban la exportación de cobre y cacao, provenientes de Coquimbo y Guayaquil, respectivamente. En el año 1794 se exportó la mayor cantidad de ambos productos 22 115 quintales de cobre y 47 732 carga de cacao. Por su parte, la cascarilla era muy apreciada en España. Provenía de Loja, Tarma y la Paz. La mayor exportación de este producto se dio en 1810, con 909 983 libras de cascarilla.

Minería

El incremento de la producción de metales preciosos fue una prioridad durante al colonia y la minería se convirtió en la actividad económica más destacada. Sin embargo a mediados del siglo XVIII la producción decreció gradualmente. Para revertir esta baja, se formuló una serie de medidas técnicas que debían modernizar los métodos de extracción. Pese a los esfuerzos, a industria minera se perfeccionó hacia los últimos años del virreinato, cuando llegaron a Cerro de Pasco varios motores a vapor fabricados en Inglaterra para efectuar operaciones de drenaje. A las reformas técnicas se sumaron otras de orden administrativo, como nuevas ordenanzas de minería para resolver los conflictos entre los mineros. En 1787 se creó el Real Tribunal de Minería y se elaboró un código minero que, entre otras disposiciones, estableció que se facilitaran préstamos a los mineros y se financiaran bancos de rescate, con el objetivo de evitar la presión de los prestamistas. En el Perú las reformas no fueron un éxito total.

Visita de Areche

El visitador general Jose Antonio de Areche llegó al virreinato del Perú en 1777, fue nombrado por José Gálvez , encargado de diseñar las reformas en América, y gozaba de su confianza, pues había colaborado con él en su visita al Virreinato de Nueva España (México). Las visitas estaban destinadas a evaluar y corregir aquello que obstaculizara el óptimo desarrollo de las colonias.

Los aspectos que había que examinar se detallaban en las instrucciones, que en el caso de Areche fueron:

  • Visitar el Tribunal de Cuentas de Lima y las Cajas Reales, que estaban desorganizadas y funcionaban mal.
  • Corregir la racionalización de los impuestos para generar.
  • Mayores beneficios a la corona.
  • Amortizar los créditos de la deuda interna.
  • Fomentar la minería.
  • Evaluar el problema del abuso indígena.

Entre 1777 y 1781, visitador denunció los abusos de los corregidores, el contrabando y la corrupción de algunas autoridades, ni los virreyes escaparon de su mirada crítica y su relación con ellos fue una constante lucha de poderes.

Reprimió el levantamiento de Túpac Amaru II en 1780, ganando notoriedad. Más tarde, su actuación como visitador fue duramente cuestionada. Jorge Escobedo lo sustituyó en 1782 y concluyó la visita general tres años después de iniciada.

Expulsión de los jesuitas

La madrugada del 9 de setiembre de 1767 se produjo el destierro indefinido de todos los miembros de la Compañía de Jesús. El virrey Manuel de Amat y Junient fue el encargado de cumplir con la orden de Carlos III, que alcanzó también a los jesuitas radicados en Chile, Paraguay, México, Quito, Santa Fe de Bogotá y Filipinas. En total fueron expulsados unos 2300 miembros de la orden.

El objetivo de esta disposición fue fortalecer la autoridad del monarca español, ya que los jesuitas estaban directamente vinculados a la Santa Sede a través del voto de fidelidad y obediencia al Papa. A mediados del siglo xviii, Los miembros de la orden en el Perú sumaban mas de quinientos. La Compañía contaba con residencias y colegios en Lima y otras ciudades importantes, además de varias haciendas. Tras la expulsión, todos sus bienes pasaron a manos del Estado y se nombraron en América Juntas de Temporalidades para administrarlos. Años después, el Papa Clemente XIV suprimió la orden (1773), pero fue restaurada en 1814.

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