Jose de La Mar

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José Domingo de La Mar y Cortázar, militar y estadista. Hijo de Marcos de La Mar y de Josefa Cortázar. Nació en 1778 en la ciudad de Cuenca (en el actual Ecuador), donde su padre era administrador de las cajas reales. A temprana edad viajó a España en compañía de su tío Francisco y, gracias a sus vinculaciones, obtuvo una plaza en el afamado regimiento de Saboya. Las influencias del tío no solamente le depararon el ingreso, sino también el grado de subteniente. En 1794 participó en la campaña del Rosellón contra los franceses, combatiendo bajo las órdenes del conde de la Conquista, tras lo cual fue recompensado con el grado de capitán. Participó después en diversas acciones militares y, al momento de la guerra nacional contra la invasión napoleónica, ostentaba ya el grado de teniente coronel. Se halló presente en la defensa de Zaragoza, luchando al lado del coronel Palafox (1808-1809); cayó aquí gravemente herido y, aunque la plaza zaragozana tuvo que capitular, mereció el título de “benemérito de la patria en grado heroico”. Transferido al frente de Valencia, que dirigía el general inglés Blake, condujo una columna de 4 mil granaderos veteranos (la llamada “columna La Mar”), siendo nuevamente herido y recibiendo atención en el hospital de Tudela. Tomado prisionero y conducido a Francia, quedó confinado en el castillo de Saumur, Borgoña, donde ocupó sus días estudiando a los clásicos de la lengua y la cultura francesa. Al cabo de un tiempo logró fugar, en compañía del brigadier Juan María Muñoz, con rumbo a Suiza, el Tirol y el puerto de Trieste, sobre el mar Adriático. De aquí** regresó a España, donde ya el rey Fernando VII había reasumido la monarquía borbónica**; por sus notables méritos, el soberano lo ascendió a la clase de brigadier (1815) y lo nombró caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Enseguida fue destinado a Lima con el puesto de subinspector general del virreinato peruano.

Jose de La Mar
José de La Mar

Al llegar a nuestro país, en noviembre de 1816, asumió la gobernación de la plaza y presidio del Callao. Durante el gobierno virreinal de Pezuela estuvo presente en todas las juntas de guerra reunidas para organizar la defensa militar. En atención a su resguardo de la capital durante el bloqueo mantenido por la expedición naval de lord Cochrane, en 1819, mereció la promoción a mariscal de campo. En setiembre de 1820 se reunió con Pezuela y con los generales La Serna y Llano para determinar el plan de defensa de Lima y la manera de recibir a los diputados del ejército libertador de San Martín. Encargado de permanecer en la fortaleza chalaca del Real Felipe, La Mar afrontó un nuevo bloqueo de la escuadra de Cochrane y la ocupación de Lima por las filas patriotas. Finalmente, su carencia de provisiones y de armas, sus sentimientos de criollo y su vieja amistad con San Martín lo movieron a firmar la capitulación del Callao, el 19 le setiembre de 1821. El Protector, que conocía a nuestro personaje desde España, le ofreció de inmediato el despacho de general de división (equivalente al de mariscal de campo que tenía en las filas realistas).

Ya decidido por la causa de la independencia, viajó a la ciudad de Guayaquil a visitar a su familia y, estando allí, la junta de Guayaquil, de inclinación peruanista, lo nombró en enero de 1822 comandante general de la provincia. Desde este cargo consiguió la capitulación del comandante realista Villegas, así como la entrega de las fragatas “Prueba” y “Venganza” y de la corbeta “Alejandro”, siendo proclamado gran mariscal por el delegado peruano en las provincias del norte, Torre Tagle (22 de marzo de 1822). A continuación pasó a integrar el Congreso de la República como diputado por Huaylas. Se le confió la presidencia de la junta gubernativa designada al retirarse San Martín, en setiembre de 1822; organizó la primera expedición a puertos intermedios del sur, pero se le responsabilizó de su fracaso y fue relevado de sus funciones. Se dirigió entonces a Chile y después al Ecuador, hasta que Bolívar lo nombró general en jefe del ejército del Perú (26 de enero de 1824), con la misión de reorganizar las fuerzas patriotas desde Trujillo. Tomó parte en la exitosa campaña de la sierra, combatió en la batalla de Junín y, en los campos de la Quinua (cerca de Ayacucho), su intervención fue decisiva para el triunfo final sobre los realistas, lo cual fue reconocido por Sucre en el parte de batalla (9 de diciembre de 1824). En premio a su valentía se le entregó la hacienda “Ocucaje”, pero el gran mariscal no la aceptó y la devolvió a su dueño. Aceptó, en cambio, integrar el consejo de gobierno constituido por el Libertador Bolívar (febrero de 1825) para hacerse cargo del poder ejecutivo durante su ausencia en Bolivia.Un año más tarde, debido a su quebrantada salud, solicitó licencia para retirarse a sus propiedades agrícolas en Guayaquil. Sufrió enseguida la muerte de su esposa, doña Josefa Roca-fuerte, con quien había contraído matrimonio en 1823, y se estableció en la hacienda que una hermana suya tenía en Bujío, con ánimo de alejarse de la vida política.

En abril de 1827 fue electo diputado por Lima al Congreso del Perú, el cual lo designó para asumir la presidencia de la República. No fue sino el 19 de agosto de dicho año que La Mar llegó a Chancay y se dirigió a Lima de incógnito, buscando evadir un fastuoso recibimiento. Desde el primer momento de su gobierno se perfilaron como grandes enemigos del nuevo presidente los militares Gamarra, Gutiérrez de la Fuente y Santa Cruz. Su régimen tuvo que hacer frente no sólo a la oposición que se concentraba en la capital, sino también a la sublevación de los indígenas de Iquicha (en Ayacucho) y, sobre todo, al enfrentamiento con la Gran Colombia. En pie de guerra, La Mar se embarcó hacia Paita en setiembre de 1828, a fin de organizar las campañas marítima y terrestre. La confrontación con el vecino del norte acabó en derrota y el presidente cayó en desgracia, aniquilado por un golpe político-militar de sus enemigos. Nuestro personaje fue embarcado con el coronel Bermúdez y algunos esclavos rumbo a Centroamérica. Llegó a San José de Costa Rica el 24 de junio de 1829, pasó a Cartago y fijó aquí su residencia. Doblegado por la amargura, todavía antes de fallecer contrajo matrimonio por poder con su sobrina doña Ángela Elizalde, quien viajó en vano a reencontrarse con La Mar. El bravo estratega de las campañas de España y el Perú expiró el 11 de octubre de 1830 en la ciudad de San José, a los 52 años de edad. Sólo en 1843 fueron trasladados sus restos a Piura, y dos años más tarde recibieron honrosa sepultura en la catedral de Lima.

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