asentamiento paloma guitarrero

Horticultores Seminomades en el Perú

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Conforme transcurría el tiempo, el ambiente físico y climático de nuestro territorio iba cambiando; mientras algunas especies animales se extinguían, otras hacían su aparición. Esto influyó notablemente en el cambio de las costumbres y modos de vida de los hombres de aquel tiempo que organizados en comunidades de pastores-cazadores y recolectores, llegaron a poblar todos los pisos ecológicos de nuestro suelo. En la región andina se establecieron en los valles, quebradas y altiplanicies; en la costa lo hicieron en los valles y en las lomas. Entre ambas regiones se estableció una migración estacional: entre julio y agosto, cuando no hay lluvias en la sierra, y, por tanto, los pastos escasean, emigraban hacia las lomas costeñas con sus animales. A partir de diciembre retornaban hacia la región andina. Había, pues, un desplazamiento vertical que también se daba en la región andina entre los pisos altos y los pisos bajos.
En igual forma, casi junto a la actividad pastoril, los primitivos pobladores peruanos adquirieron conocimiento acerca de las plantas, su crecimiento y su madurez y sobre la forma selectiva de efectuar la recolecta de los frutos.
En efecto, la agricultura y la ganadería son técnicas muy importantes para la seguridad de los hombres, con ellas se abandona la búsqueda azarosa de alimentos y sólo se tiene que cuidar de las plantas y los animales, con la posibilidad de aumentar y mejorar los productos. De este modo, pues, los primeros indicios de una actividad agrícola en el antiguo Perú la tenemos en los horticultores semi-nómades, entre los que se cuentan:

1. El Hombre de Guitarrero

Guitarrero se ubica en la cordillera Negra sobre la cuenca del río Santa, frente a Ranrahirca (Prov. Yungay, Ancash). En efecto, el río Santa es uno de los pocos ríos de la vertiente del Pacífico que tiene un recorrido inicial longitudinal, sur-norte. Nace en la luguna de Corrococha a 4100 m.s.n.m. y después de formar el amplio valle del Callejón de Huaylas, flanqueado por las cordilleras Negra y Blanca, deriva su curso hacia el Oeste, labrando el famoso Cañón del Pato y formar, luego, otro valle ya en el lado de la costa, conocido con el nombre de valle de Santa que se extiende hasta la desembocadura en el Pacífico. Su recorrido total es de 370 kilómetros.
Es sobre este escenario que, al estar por los descubrimientos hechos por el arqueólogo Thomas Lynch (Norteamericano), en 1969, en las cuevas de Guitarrero, el hombre del río Santa sería el primer agricultor del Perú, y aún del mundo, ya que los restos de frijoles hallados, y cultivados en ese entonces, arrojan una antigüedad de 7,000 años a.C. Eran portadores, además, de una industria lítica de lascas no retocadas y de una colección de 500 piezas en donde aparecen una punta y un cuchillo.

cueva guitarrero
Cueva de Guitarrero

2 El hombre de Paracas o Santo Domingo

Fue el arqueólogo francés Krederic EngelDomingo denominado hombre de Paracas, en la pampa de Santo Domingo que se presta como el más antiguo poblador de nuestro litoral, con una antigüedad de 8,500 a 9,000 años a.C. El cadáver fue encontrado en la posición de cuclillas cubierto con una piel de vicuña, en su mano derecha tenía atado un punzón de hueso que, probablemente, habría usado como puñal.
Este poblador habría sido cultivador de calabazas, además de pescador y recolector, lo que lo ubica junto a los primeros grupos humanos cultores de la denominada agricultura incipiente.

3. El Hombre de Chilca

En la localidad de Chilca, a 50 kilómetros al sur de Lima, Frederic Engel encontró tres cadáveres y una aldea formada por “simples cobertizos”, que rodeaban a unos hoyos abiertos en el suelo, donde se acomodaban estos pobladores para dormir. Los habitantes eran seminómades recolectores de mariscos, cazadores de lobos marinos, pero que ya cultivaban camotes, pallares y calabazas, es decir, eran horticultores que habían hecho su aparición hace unos 6,000 años a.C.
El aspecto físico del hombre de Chilca sería de 170 m. de estatura, frente ancha, pómulos poco pronunciados, pecho ancho y cráneo dolicocéfalo. En esta aldea, de aproximadamente 60 personas, existió la particularidad de que los muertos eran enterrados en la misma casa que habitaron y que los sobrevivientes siguen habitando (los vivos conviven con los muertos), los cadáveres reposan junto con enseres de esteras, redes entrelazadas y collares. También es de destacar que el perro ya aparece en esta aldea de chilcanos como compañero eficaz del hombre.

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