Lope de Aguirre

Lope de Aguirre

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Lope de Aguirre, se sabe que era natural de Oñate (Guipúzcoa), aunque se desconocen detalles de su infancia y adolescencia. Mediante una real cédula fechada el 6 de abril de 1536 se le nombraba regidor de la ciudad de los Reyes, pero no tuvo efecto porque todas las plazas se encontraban cubiertas. Quiso la corona compensarlo y el 1o de diciembre por otra cédula trasladaba el regimiento para Chile.
Pasó a Indias en 1539 pero no reclamó sus privilegios, más tarde fue reclutado por el capitán Diego de Rojas cuando iba a la conquista de los chunchos. Peleó contra Gonzalo Pizarro a órdenes de Blasco Núñez de Vela y continuó prestando sus servicios a la corona luchando contra Francisco Hernández Girón. Habiendo sido pacificado el país, creyó conveniente el virrey marqués de Cañete “drenar la tierra” –pues no alcanzando mercedes para todos, deambulaban los ex combatientes buscando un lugar donde ubicarse y causando alborotos en todos lados–, y despachó entonces nuevas entradas.
De modo que Aguirre sentó plaza en la expedición del capitán Pedro de Ursúa y Vela que se dirigía al oriente del virreinato peruano en busca de El Dorado y la tierra omagua. Partieron en 1560 y desde un comienzo Ursúa tuvo que lidiar con tanto forajido que integraba su hueste. Siguiendo el curso del Huallaga en bergantines llegaron a la
desembocadura del Putumayo donde estalló un motín, A siendo Ursúa asesinado y su viuda llevada en calidad de prisionera. Fernando de Guzmán asumió el mando de la expedición y sus hombres le proclamaron “rey de los marañones”, pero en realidad era Aguirre quien mandaba.
Consciente Guzmán de que esa aventura no llegaría a buen fin quiso retractarse ante las autoridades virreinales, pero Aguirre lo presionó para declararse contra la corona. En la noche de año nuevo de 1561 Fernando Guzmán fue asesinado y Aguirre se proclamó jefe de la hueste con el título de “fuerte caudillo”. Continuando la saga de asesinatos terminó con doña Inés de Atienza, viuda de Ursúa, Miguel Bodebo, Gonzalo Duarte, Baltazar Cortés Cano y el capellán Alonso de Henao. Empeñado en encontrar El Dorado siguió el curso del Huallaga, pasó el pongo que hoy lleva su nombre, llegó hasta el río Amazonas y salió al océano Atlántico, asolando los pequeños puertos que había en la costa de Venezuela. Echó anclas en la isla Margarita y permitió a sus tropas el saco de la ciudad, se hizo del tesoro real y asesinó a las autoridades civiles y religiosas. Parte de sus hombres, cansados de tantos asesinatos, tramaron desertar pero fueron descubiertos y el mismo Aguirre se encargó de asesinarlos empezando por su contramaestre, a quien mató a estocadas.

Viaje al Caribe de Lope de Aguirre

Dispuesto a subyugar las Indias españolas dejó isla Margarita el 31 de agosto de 1561. Su fama de sanguinario ya se había extendido por el Caribe y le llamaban “el tirano”. Atacó el puerto de Burburuta y después su hueste entró en Nueva Valencia. Desde allí remitió su famosa carta al rey Felipe II, donde le trata de tú y vos, a la vez que le increpa por su mal gobierno en la India. El 22 de octubre atacó Barquisimeto, pero los pobladores de esta ciudad se defendieron, bajo las órdenes del gobernador Pedro Collado, recibiendo días más tarde refuerzos desde Mérida y Trujillo. Aguirre desesperado al ver que sus hombres desertaban tuvo la idea de capturar un barco y dirigirse a Francia, pero nadie le apoyó. Viéndose perdido asesinó a su hija, llamada Elvira, según él para que no fuera presa de los vencedores y llamada la hija del traidor.
Siendo inútil toda resistencia prefirió entregarse. Pudo haber sido ejecutado en el acto pero sus captores prefirieron la llegada del gobernador. Temerosos sus ex “marañones” de ser acusados por su antiguo jefe como cómplices, persuadieron al maestre García de Paredes de que lo ejecutara para que la victoria fuera completa. Sus verdugos fueron dos de sus antiguos “marañones”, Juan de Chávez y Cristóbal Galindo, quienes usaron sus arcabuces, terminando así con Lope de Aguirre el 27 de octubre de 1561. Su cabeza fue puesta en una jaula y se exhibió por muchos años. La vida de Lope de Aguirre ha dado motivo a numerosos estudios ya sea desde la perspectiva puramente histórica, así como desde el psicoanálisis. La reconstrucción literaria y artística de su imagen en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX ha sido estudiada últimamente, en una obra completísima en detalles y sugerencias, por la crítica alemana Ingrid Galster (1995).

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