Narciso Aréstegui Zuzunaga

Narciso Aréstegui Zuzunaga

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Narciso Aréstegui Zuzunaga, nació en Huaro, provincia de Quispicanchis (Cuzco), en 1824. Sus padres fueron Juan de Dios Aréstegui y Dominga Zuzunaga. Sus primeros estudios los realizó en el Colegio Nacional de Ciencias y Artes del Cuzco y siguió estudios de derecho en la Universidad San Antonio de Abad. Regentó las cátedras de Historia y Literatura, a la vez que fue bibliotecario del Colegio de Ciencias. A los 18 años contrajo matrimonio con María del Castillo. Perteneciente a la generación romántica de Palma, tenía Narciso Aréstegui vena literaria. En 1848 apareció por fascículos El padre Horán (primera novela en el Perú), historia que escribió a base de los recuerdos de su niñez, cuando la espantada ciudad comentaba los pormenores del crimen cometido por el fraile Eugenio Oroz, quien en un arrebato de celos asesinó a su ex penitente Angela BarreA da. Aréstegui fue un librepensador, anticlerical y no dudó en contribuir a su manera en la tarea de condenar el crimen del padre Oroz y destacar la desdichada suerte de Barreda. De ello extrajo el argumento de su obra en donde se traman la lujuria, el amor, la ambición, el antagonismo de las clases sociales y el fanatismo religioso. Angélica es una doncella de la aristocracia cuzqueña, hija de un ex combatiente de la independencia; el siniestro padre Horán, intrigante, sensual y despiadado en la consecución de sus apetitos; la beata Brígida, mujer indeseable, secuaz de las intrigas del padre Horán; fray Lucas, religioso honesto, guía de la juventud cuzqueña. El autor expone además la situación social de los indios, adelantándose cuarenta años a Manuel González Prada. La evidencia que prueba la realidad de este caso fue presentada por Mario Castro Arenas en su libro La novela peruana y su evolución. Se trata de la denuncia que hizo la madre de la víctima ante el vicario general. Relata Ignacia Barrios que llegó a su casa el padre Oroz y “después de ser recibido con las consideraciones de urbanidad que se le debían, como padre espiritual de mi finada hija; aparentando sagacidad, acometió a la infeliz Angela con un puñal de cacha blanca, y le descargó cuatro puñaladas, dos en la nuca, una en la mejilla izquierda, y la otra en el mismo lado”. El asesino, después de un largo proceso fue condenado a diez años de cárcel en la isla Esteves (lago Titicaca).
Con motivo de la guerra con Bolivia en 1853, Aréstegui se alistó con el grado de capitán de la Guardia Nacional. Después fue nombrado subprefecto del Cuzco y posteriormente juez militar de esa plaza. Participó en la batalla de Llumina, a órdenes del general San Román, contra el general Vivanco, quien se había rebelado contra Castilla. En 1864, prefirió pedir su baja en vista de las negociaciones del gobierno del general Pezet con España en el tan debatido caso de las islas de Chincha. Tras el triunfo de Prado (1865) fue nombrado director del Colegio de Ciencias. En 1867 participa en la conformación de la Sociedad Amigos de los Indios y ese mismo año se une a la rebelión contra la dictadura de Prado. La multitud le aclamó prefecto y comandante general del departamento. Posteriormente el presidente Balta lo nombró prefecto de Puno. El 12 de febrero de 1869 salió con trece personas a bordo de la lancha de vapor “Yavarí” a la isla Esteves. Cuando retornaban, tres de los paseantes temerariamente se pusieron de pie y empezaron a balancear la nave, riéndose de la seguridad, terminando por volcarse y muriendo ahogadas cinco personas, entre ellas Narciso Aréstegui. Dejó concluida la novela El ángel salvador, que fue publicada en 1872. Faustina (inconclusa) apareció en fascículos en el periódico La Patria entre diciembre de 1871 y marzo de 1872. Estas dos últimas novelas costumbristas, propias del romanticismo vernacular, con un desfile de doncellas, caballeros y villanos, no tienen el aire predicador y redentor de la primera. Aréstegui también es autor del drama La venganza de un marido, que según El Perú Ilustrado del 30 de agosto de 1890, fue escenificada con éxito. Escribió también artículos como “El soldado” y “La sicología del abogado”.

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