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La ilustración en el Perú

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La ilustración fue un movimiento intelectual que hacia el siglo XVIII se había extendido por toda Europa. La ilustración buscaba el desarrollo de un mundo mejor, alejado de tradiciones obsoletas y basado en la razón. Este espíritu crítico minó la autoridad de los monarcas, la importancia de la tradición y los fundamentos de la iglesia que se oponían a los principios racionales.

Las figuras centrales del movimiento fueron Montesquieu, Voltaire, Rousseau y los editores de La Enciclopedia, Diderot y D’Alambert.

Sus principales características fueron criticar toda tradición o costumbre que impidiera el progreso y la felicidad de las personas; confiar en la razón como fuente de conocimiento, y por lo mismo de progreso; creer en el progreso intelectual y científico como medio para lograr una sociedad mejor; poner en práctica los descubrimientos médicos y filosóficos para mejorar la calidad de la vida de los hombres, y tener un profundo respeto por la naturaleza.

La ilustración en España

Se distinguió de la ilustración francesa por su defensa de la Iglesia católica. Los llamados ilustrados cristianos creían en el papel de la institución romana como uno de los pilares de la monarquía. Sin embargo, de acuerdo con el espíritu reformista del movimiento, proponían una iglesia menos extravagante y más sencilla, donde la fe y la razón pudieran darse la mano. Uno de los grandes ilustrados españoles fue el sacerdote Benito Jerónimo Feijoo, quien sostuvo que la Iglesia debía alejarse de los mitos y leyendas populares para dar paso a una religión más racional y menos artificiosa.

La ilustración en Hispanoamérica y el Perú

La ilustración hispanoamericana se basó en la española y mantuvo sus principales características. El rasgo más saltante de este movimiento en el Perú fue la aplicación de las medidas ilustradas de los Borbones, que modificaron el sistema universitario (1771) y exigieron la formación de iglesias nacionales, menos dependientes del Papa.

En el plano académico se privilegiaron los estudios de arte, ciencias y filosofía; mientras que los obispos y arzobispos cobraron mayor importancia en el universo religioso. De hecho, una de las figuras más celebres de la ilustración en el Perú fue el obispo de Trujillo, Baltasar Martínez de Compañon y Bujanda (1737-1797). Mientras duró su obispado visitó distintas regiones de la diócesis en compañía de dibujantes y estudiosos quienes registraban curiosamente todo lo observado.

Educación e ilustración

El Colegio San Carlos bajo la dirección de Toribio Rodríguez de Mendoza, y el Seminario Conciliar de San Jerónimo destacaron como centros difusores de la doctrina ilustrada. En este último formó el maestro José Chaves de la Rosa a los liberales Francisco Xavier de Luna Pizarro y Francisco de Paula González Vigil; y a Mariano Melgar.

Lo paradójico es que Chaves de la Rosa fue un gran defensor de la causa realista, a diferencia de Toribio Rodríguez de Mendoza. Ambos lucharon por una iglesia de sacerdotes intelectuales y moralmente mejores y en consecuencia, por una feligresía más respetuosa.

toribio rodriguez mendoza
Toribio Rodriguez de Mendoza

Cultura popular y arte

Los ilustrados consideraban de suma importancia reformar la cultura popular, incorporando sobriedad a las fiestas cívicas y religiosas. Rechazaron las extravagancias y la pomposidad. Defendieron el arte neoclásico en reemplazo del barroco, que consideraban complejo. Otorgaron al arte una finalidad educativa. Por ejemplo se escribieron muchas piezas teatrales con el claro propósito de ilustrar al pueblo. Finalmente, su afán terminó separando dos mundos: el popular y el de la élite.

El arte en el siglo XVIII

Pintura

En el siglo XVIII se produjo una invasión del rococó frances impulsado por el sevillano José del Pozo y luego, del neoclasismo, cuyo mayor representante fue Matías Maestro, quien, en nombre de los ideales de la ilustración, se convirtió en el destructor de los monumentos barrocos. Algunos de los pintores locales que siguieron esta tradición fueron Pedro Díaz en Lima, el original muralista cuzqueño Tadeo Escalante y el retratista de la emancipación José Gil de Castro.

Escultura

La escultura del siglo XVIII pasó inicialmente por una etapa denominada de escultura de candelero, en la que se produjeron piezas que poseían un efecto muy realista. Representaciones de santos y santas, vírgenes y niños se incorporaron a los muchos retablos barrocos encargados para las iglesias más importantes. Un artista que destaca en esta época es Baltasar Gavilán, autor de la Muerte arquera.A fines del siglo XVIII aparece el rococó.

Ciencia e ilustración

Desde mediados del siglo XVIII se hizo más evidente en el Perú la influencia de la ilustración. Una de las muestras de ello fue la existencia de bibliotecas con gran cantidad de volúmenes que incluían títulos de Newton, Bacon y otros líderes de la revolución científica del siglo XVII.

Monarquías y naturalistas europeos organizaron una decena de expediciones científicas al Perú. Una de las más importantes fue la integrada por los científicos franceses Charles Marie La Condamine y Louis Godin y por los oficiales españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Trabajaron entre los años 1735 y 1744 en América del Sur, midiendo un arco del meridiano terrestre para establecer de forma exacta de la Tierra.

La expedición de los botánicos españoles Hipólito Ruiz y José Pavón (1778-1787) estudió la flora de Tarma, Huánuco y otras regiones del Perú y Chile. Como resultado, publicaron un libro de botánica, Flora peruviana et chilensis. A partir del entusiasmo nuevas especies de árboles de quina y se creó la primera cátedra de botánica en San Marcos en 1797.

Una expedición muy importante fue la de Alexander Von Humboldt y Aimé Bonpland, que pasó cinco meses en el Perú.

Difusión de las ideas

La ilustración encontró en la prensa y los libros su principal medio de difusión, y el virreinato peruano no fue la excepción. El virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos propició la formación de sociedades científicas, comunes a España, auspiciando a la Sociedad Amantes del País, esta ademas de organizar discusiones académicas entre sus miembros, publicó el Mercurio Peruano (1791-1795), de amplia difusión en el Perú. Sus artículos sobre historia, geografía y recursos del virreinato generaron cierto tipo de patrimonio peruano, que sentó las bases de los movimientos independentistas.

Hacia 1791, tres revistas circulaban en Lima, ademas del Mercurio, El Semanario Crítico y El Diario de Lima. Estas crearon una esfera pública de discusión de temas polítios y culturales.

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